
El Hotel Cecil
En el corazón de Los Ángeles, a escasos pasos del centro financiero y del distrito de Skid Row, se levanta un edificio de casi cien años que ya no necesita presentación: el Hotel Cecil. Su fachada es anodina, incluso elegante. Pero su interior ha sido escenario de tantos crímenes, suicidios y desapariciones, que cuesta creer que no fue diseñado para el horror.
Inaugurado en 1924 como un hotel de lujo, no tardó en caer en decadencia. La Gran Depresión transformó su clientela. Lo que iba a ser una residencia para hombres de negocios se convirtió en refugio para personas sin hogar, criminales, y más adelante, asesinos. La policía lo conoce bien: entre los años 30 y 60, las muertes violentas fueron tan frecuentes que el personal del hotel desarrolló protocolos específicos para encontrarlas.
El caso más citado es el de Elizabeth Short, conocida como "La Dalia Negra", quien, según algunas teorías, fue vista por última vez en el bar del hotel antes de su asesinato. Richard Ramirez, el “Night Stalker”, se alojó en el hotel mientras cometía parte de sus crímenes en la ciudad. Otro asesino, Jack Unterweger, se hospedó allí décadas después. Dijo que estaba escribiendo un reportaje sobre criminalidad. Acabó matando a tres mujeres.
En 2013, el caso de Elisa Lam volvió a colocar al Cecil en los titulares internacionales. Su cuerpo fue encontrado en uno de los tanques de agua del tejado, tras varios días desaparecida. Las imágenes del ascensor, donde se la ve actuando de forma errática, alimentaron teorías de todo tipo. Lo cierto es que murió allí, como tantos otros.
A día de hoy, el hotel ha cambiado de nombre y ha pasado por reformas. Pero los turistas siguen llegando. No todos buscan una cama. Algunos solo quieren hacerse una foto en la entrada, grabar un TikTok, o mirar hacia arriba e imaginar qué ocurrió, en qué piso, en qué habitación. El morbo ha sobrevivido al cierre.
El Hotel Cecil no es solo un escenario.
Es un catálogo del crimen en vertical.





