
Jack El Destripador
Londres, 1888. El humo se mezcla con la niebla en
Whitechapel. Los callejones están húmedos, oscuros,
y el miedo se respira más que el aire. En cinco meses,
cinco mujeres son brutalmente asesinadas. La policía
nunca encuentra al culpable. La prensa lo bautiza
como Jack el Destripador. Y nace así uno de los
asesinos más famosos de la historia, aunque nunca
se le haya puesto rostro.
Ciento treinta y cinco años después, el eco de esos crímenes sigue vivo. Las víctimas tienen nombre: Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly. Pero también tienen calles, placas, y ahora, rutas organizadas.
Lo que empezó como una pesadilla para el East End se ha convertido en un
reclamo turístico que mueve miles de personas al año.
La experiencia se vende como “un paseo por la historia del crimen”, pero en
realidad es un ejercicio colectivo de fascinación por el mal. Las rutas
nocturnas guiadas —algunas por historiadores, otras por actores caracterizados
— recorren los puntos clave de los asesinatos, reconstruyen escenas, enseñan
documentos originales y dejan preguntas en el aire. ¿Fue un cirujano? ¿Un carnicero? ¿Alguien dentro de la propia policía?
Los tours parten habitualmente desde Aldgate East o Tower Hill y
duran unas dos horas. El precio ronda entre las 15 y 18 libras por
persona. Algunos incluyen efectos sonoros, luces, e incluso paradas
en antiguos pubs donde se dice que Jack pudo haber bebido. Otros
apuestan por una mirada más rigurosa, documentada, con perspectiva
histórica y de género. Jack el Destripador no solo mató. También
construyó un relato. Y lo terrible es que ese relato, a día de hoy, sigue
vendiendo entradas.




