
Erupción del monte Santa Helena (1980)
El 18 de mayo de 1980, el Monte Santa Helena, un estratovolcán dormido en el estado de Washington (EE. UU.), explotó con una violencia que marcó un antes y un después en la vulcanología moderna. La erupción, precedida por semanas de actividad sísmica, arrasó todo a su paso: 57 personas murieron, y más de 600 km² de bosques quedaron reducidos a cenizas.
La explosión lateral liberó una energía estimada equivalente a 500 bombas atómicas como la de Hiroshima, proyectando una columna de ceniza que alcanzó 24 kilómetros de altura y cubrió de polvo volcánico once estados del país. Fue una advertencia brutal sobre la capacidad destructiva de un volcán que, hasta entonces, muchos creían inofensivo.
El paisaje cambió para siempre, y con él, nuestra comprensión del poder impredecible que duerme bajo la superficie de la Tierra.



